LA CERA DE ABEJA

La cera de abeja, con la que fabricamos nuestras velas,  ha sido utilizada ya desde la antigüedad hasta nuestros días debido a sus excelentes propiedades terapéuticas.

La encontramos en las colmenas formando panales de celdillas hexagonales, lugar donde las abejas depositan la miel. El organismo de estos insectos produce la cera a partir de los componentes de la miel y con la ayuda de determinadas sustancias del polen, que actúan como activadores del proceso.  

Su color puede variar desde el amarillo intenso al pardo, dependiendo siempre del polen de las flores recogido por las abejas.

La cera de abeja funde entre 62 y 66°C y su  uso como principal componente en la fabricación de velas data desde los tiempos más remotos, siendo mencionado ya en multitud de antiguos manuscritos de la Roma y Grecia clásicas, incluso en la Biblia. Sin embargo, hoy en día, su alto coste ha propiciado el uso de velas fabricadas con sustancias más económicas como grasas, estearinas y parafina, aunque sigue siendo muy utilizado en entornos donde es muy importante la preservación de los objetos que se encuentran a su alrededor. 

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