MÁLAGA: ENTREVISTA. El historiador José Jiménez Guerrero sugiere que las investigaciones cofrades futuras deben abordar monografías serias de cofradías

jueves 14 de febrero, 2013

Uno de los nombres que ha ayudado a reconstruir la historia de la Semana Santa de Málaga es José Jiménez Guerrero. Este historiador pertenece a una de las generaciones que mayores aportaciones documentales cofrades han realizado. En una entrevista realizada hace varios meses en el restaurante Lo Güeno, explica las dificultadas que encuentra el historiador al abordar un trabajo, dado que "los fondos estaban todos en el Archivo Episcopal y desaparecieron". El gran reto considera que sigue siendo encontrar pistas sobre el suceso del Cristo de Mena. Pero recomienda trabajar en monografías sobre cofradías, una de las asignaturas que siguen pendiente, según dice a lo largo de la conversación.


-¿En qué trabaja actualmente?

-Una vez que he dejado la docencia, por imperativo de edad, estoy culminando una nueva publicación que queremos que vea la luz a finales de mayo, con la festividad de la Virgen de la Salud. Es una monografía sobre la cofradía de la Salud, aunque sé todas las limitaciones que tiene una hermandad de 30 años de vida. Es un tipo de historia distinta, más enlazado con la crónica, con lo inmediato, con lo reciente, con lo que has vivido... Es un reto para mí historiar algo reciente.

Esto surgió en 2006 en una conferencia que di en Aguilar de la Frontera. Me invitó Juan Aranda Doncel, que es de la Real Academia de la Historia de Córdoba, a dar una conferencia en un congreso internacional que organizó sobre la advocación de la Salud en España a través de la Historia. Él pensaba que yo iba hablar del Cristo de la Salud, pero la sorpresa fue mayúscula cuando empecé a hablar de una hermandad de 30 años. Le sorprendió la dinámica de la hermandad, de cómo había surgido con unos fines determinados, que yo relaciono con la hermandades que surgían en los conventos. Tenían unas connotaciones curiosas, cuanto menos. Me sorprendió que la práctica totalidad de la junta de gobierno se había desplazado desde Málaga a Córdoba a estar conmigo. Me impactó mucho porque, a veces, a estas cosas no van ni los que te invitan, aunque esto fuera no pasa.

Tras la conferencia le dije a Miguel Ángel Vargas, el hermano mayor: "Quiero haceros un libro cuando tenga tiempo". Es verdad que él nunca jamás me lo ha vuelto a repetir. Me puse a trabajar, a recopilar material y después de jubilarme, todas las mañanas me las paso en el archivo. E hice lo que normalmente hago cuando escribo la monografía de una hermandad: trato de implicar a otras personas que tengan un perfil... ¿Cuál es el perfil que busco? Primero, que sea una persona, si es posible, de la cofradía y que además tenga la preparación y titulación necesaria para afrontar ese reto. En Zamarrilla estuvo Juan Antonio Sánchez López. Yo busco también gente joven que se enganche y siga con el proyecto. Puedes llamar a amigos tuyos que te hacen el libro en 15 días... Pero de esta forma, aunque sea más trabajo para uno, es más gratificante en el futuro. En este sentido, en la Salud llamé a Loli Vargas, que es doctora en Historia del Arte y tiene un trabajo magnífico sobre Picasso. Está muy ilusionada. Nos reunimos todas las mañanas en el archivo, y creo que este pronto se terminará ya el libro.


-Hablando de amigos preparados... Habéis cubierto un vacío documental. Cuando esa generación empieza a dar sus primeros pasos, ¿por dónde empiezan?

-En la devoción a la Semana Santa y las ganas de saber. Después, hay que relacionarlo con la Universidad, con el momento en que Málaga crea una universidad y se abre una perspectiva investigadora que antes no había. También es verdad que hemos luchado muchísimo y seguimos luchando para que los temas cofrades sean considerados igual que otros, como pasa en otras ciudades como León o Sevilla. A nivel académico yo todavía veo ciertos reparos en algunos sectores. Aquí lo que pasó es que quien pudo ser la punta de lanza falleció, que era Agustín Clavijo. Luego hubo otras personas como Elías de Mateo, que eran profesores de la Universidad.

Pero se presentan trabajos serios, rigurosos, con los mismos parámetros de investigación. Mi tesis era, de hacerla, de cofradías y en aquel tiempo me di cuenta de que no era viable porque nadie te lo podía dirigir aquí en Málaga. Yo estaba trabajando y mi tesis la tenía que hacerla por las tardes, las noches y los fines de semana y vacaciones. Hoy, afortunadamente, tenemos en la facultad a Marion Reder, y dos personas han hecho dos tesis doctorales sobre Semana Santa. Yo he tenido la fortuna de estar en los dos tribunales. Para mi fue un orgullo enorme, aparte de que eran amigos y compañeros, porque afortunadamente se estaban leyendo tesis doctorales de Semana Santa y de cofradías de Málaga.


-Después de la realidad que vivísteis, ¿ahora podemos hablar de que somos vanguardia?

-Evidentemente Málaga ya suena mucho fuera. Cuando hay algun acontecimiento importante relevante con Málaga se cuenta, pero hemos tenido la desgracia irreparable de la muerte de Jesús Castellanos. A Jesús se le puede suceder, pero no sustituir.


-De las otras siete provincias, ¿cual está más avanzada?

-Sevilla, pero tiene una explicación. Primero, la antigüedad de su Universidad, la existencia de una base documental que no desapareció y el empuje que de la misma Universidad se ha dado con personas como Sánchez Herrero, Romero Mensaque...En Córdoba se analiza más desde más atrás en el tiempo: Rafael Vázquez Lesmes, Juan Aranda Doncel, que trabajan sobre todo siglos anteriores. En Málaga es verdad que se han hecho publicaciones que se ponen a gran altura.


-¿Cuál es la clave para que en Málaga no hay un instituto de estudios malacitanos?

-Las personas están. Hay mucha gente que viene detrás empujando y que están teniendo una serie posibilidades de publicar, por ejemplo, en La Saeta. O por ejemplo también, los libros de La Saeta, que es una vía de publicación tremenda. Luego, no hay editoriales que se lancen a libros cofrades. Es que no se vende. A veces hay libros que si se venden mucho, como el mío de la quema de conventos, pero porque tocas de soslayo esos temas. Pero son libros de Historia.


-Si volvemos a los inicios de vuestra generación, nos movemos en un contexto en el que la Universidad empezaba a dar sus primeros pasos, una juventud con unas inquietudes comunes... Y cuando decidís empezar, ¿a dónde se acude por primera vez?

-Bebimos todos del 'Llordén'. Yo tuve la suerte de investigar justo al lado de Llordén. Hablé mucho con él en Antequera. Yo empecé mi tesina y quería hacer un trabajo sobre la Guerra de la Independencia allí, y luego la realidad me hizo ver que era imposible porque yo no podía estar allí todos los días.

El libro de Arguval nos abrió la perspectiva a muchos. La verdad es que yo me iba mucho tiempo a los archivos pero para mí, para saber. Todo empezó en el año 90. Fui a la facultad a hacer los curso de doctorado y allí, hablando con unos compañeros, le dije que quería hacer un trajo de investigación. Después en Zamarrilla hice una pequeña monografía sobre la vinculación con la Caballería y mi sorpresa fue que Zamarrilla quería hacer un libro de la Historia. Yo llame a Juan Antonio Sánchez López, para que hiciera la parte de Arte y yo hacer la Historia. Y ahora ese libro cumple 20 años. Lo presentó el padre Zurita, y la verdad es que fue un pelotazo.



-¿Sois conscientes de lo que supuso el libro?

-En su día no se le dio la repercusión que tenía. Me llamaban desde Sevilla para preguntarme dónde se había hecho. Tuvimos una gran surte porque el editor, Eduardo Molina, era de Graficas Alcalá y cuando se le dijo lo del libro, se volcó. El libro se cuidó mucho. Me acuerdo que el 22 de diciembre de 1993 me citó Hilario Caro, el entonces hermano mayor, y me entregó el primer ejemplar. Ahora lo tengo en mi casa. Yo he dado orden de que el día que no esté, todo lo mío vaya a la Agrupación de Cofradías.


-¿Con qué ojos ve ahora el libro?

-Lo veo con un cariño inmenso. Es el primer hijo tuyo. El capítulo de la vinculación de la Caballería es el mismo libro, un poco modificado. A nosotros nos decían que habíamos abierto un camino y es verdad.


-Estamos hablando del año 90 pero es como si fuera 'antes de ayer'...

-Para los que lo hemos vivido nos resulta algo muy cercano. Historiar lo que has vivido y, además, lo que forma parte de tu vida, lo que tu quieres ¡es un privilegio!


-También habrá sufrido...

-Sí, he sufrido, pero te tienes que abstraer. Yo también sufrí escribiendo lo de los sucesos del 31... Aparte, encuentras un documentación fuerte y tienes que poner tu nombre...


-En las cofradías el cargo de archivero y cronista se le suele dar a titulo honorífico. ¿Qué opina?

-Yo he sido de los que he defendido siempre la necesidad ineludible de tener siempre un asesor artístico. Y esto es lo mismo. Lo que pasa es que no hay mucha gente que se quiere meter en las cofradías...


-También hay gente que está y la echan...

-También. Yo nunca he pertenecido a una junta de gobierno, pero también es verdad que yo he "pertenecido" a todas las juntas de gobierno. A mí no me da lo mismo, pero "me da lo mismo" quien esté llevando la cofradía... Es mi cofradía y si una persona me llama porque necesita algo de mí, en un momento voy y lo hago. He dado charlas y he escrito con personas que he tenido más o menos afinidad. Ahora hay una rectora y yo he estado muy a gusto dando una charla. Nadie de mi cofradía puede decir que me haya llamado y no haya estado ahí.


-¿Qué idea sugiere para investigaciones futuras?

-Yo sugiero monografías serias de cofradías. Está la del Prendimiento, Zamarilla, Cautivo, Sepulcro, Salud... Estaba en marcha la de la Esperanza, y esperemos que salga pronto. Yo le he historiado los años 30, en los que hubo muchas novedades y les mande mi trabajo hace muchos años... Y también libros generales que tocan temas transversales.


-Una Historia breve, como su propio nombre indica, pero que sirvió para tener una visión general de la Semana Santa fue "Breve Historia de la Semana Santa", ¿cómo se aborda una publicación de esa envergadura?

-Peleándome con el editor: ese libro no era el que iba salir. Para mi lo breve eran 300 páginas y me dijo que "ni pensarlo" y que "tenía que recortar el libro". Yo le dije que el libro no salía. Luego él me volvió a llamar y me explicó que el libro iba a estar mejor de la otra manera y que yo me aplicaba mucho y que tenía hacerlo más divulgativo... Yo tenía cierto miedo pero, ante mi sorpresa, fueron dos ediciones en muy poco tiempo... Claro, ellos tienen  una perspectiva comercial que tú no tienes. El libro tiene lagunas, como todos, pero a la postre ha dado una visión general seria. En el año 2007 di una conferencia en León y mi sorpresa fue que aparecieron una gran cantidad personas con este libro para que se lo firmara. Y chavales de la Universidad me comentaron que estaban intentando abrir un poco el camino. La verdad que fue un libro que tuvo muchísimo éxito, hasta tal punto, que fue la semilla de los otros que salieron.


-¿Qué parte de la historia de la Semana Santa pondría en valor para que la tengamos en cuenta los cofrades?

-Yo soy un apasionado del siglo XIX. Y ahora estoy trabajando mucho sobre los años 20. También estoy investigando mucho la fotohistoria, y por ahí tengo ahora una línea de trabajo distinta. De eso no se ha hecho nada... Enlazar la historia con la fotografía. Y tengo unos proyectos a largo plazo...


-¿En qué época se encuentran los principales vacíos documentales?

-De finales del XIX falta mucho. Es cuando más prensa hay, pero curiosamente de cofradías hay menos. A partir de 1887 con la Ley de asociacionismo, las cofradías hacían sus propios estatutos, y muchas veces nos guiamos por ellos pero la realidad era otra...


-Y si miramos más atrás en el tiempo, ¿hay buenos fondos?

-Los fondos estaban todos en el Archivo Episcopal y desaparecieron todos. Hay algo muy curioso y es que, a veces, la investigación te da unas alegrías íntimas inmensas. Y siempre que termino de investigar, pido al azar un legajo: me invento un número y lo pido. Los legajos no es como ahora, que está todo informatizado y es una alegría abrirlos sin saber lo que te vas a encontrar... Me acuerdo que, en uno de ellos, leo una disputa del Gremio de Zapateros sobre el pago de unos derechos... Y me vino una idea a la cabeza y pensé: “¿A ver si esta gente solicitaban un acta notarial sobre sus constituciones para dilucidar sus problemas?” Yo sabía que el Gremio de Zapateros tenía una hermandad que era la de Santa Lucía, San Crispín y San Crispiano que estaban en la calle Mártires. Y empecé a leerme todo el documento y, al llegar a al mitad, encontré que solicitaban del notario apostólico que le remitiera por favor una copa certificada de las constituciones de 1514. Yo lo publiqué y pasó desapercibido... ¡Y es el único documento sobre una hermandad gremial que existe en Málaga y de los pocos que existen en España! Fue un hallazgo, al igual que las constituciones de Zamarrilla,  que se daban por perdidas, y en el archivo Díaz de Escovar me las encontré. Lo de los Zapateros lo publiqué en un libro de 2008 que se llamaba ‘Capillas y cofradías desaparecidas’. Ese libro, para mí, es de los mejores que he hecho, pero no se ha vendido como otros.


-¿Qué investigación de las que ha publicado destacaría?

-A nivel general, evidentemente, lo de las pérdidas del 31 y del 36. De eso no había nada. Se hablaba mucho de que todo era espontáneo... Como dice un amigo mío: “espontáneo era ‘El Cordobés’”. En ese libro se han demostrado muchas cosas. Estuve tres meses de verano yendo a Sevilla todos los días con mi coche. Me gasté lo que no tenía. Fui a un sitio donde yo pensé que podía estar. Investigando veo que los promotores se los llevan a Sevilla, al tribunal militar. Me dicen que en Sevilla hay un tribual militar segundo, que está en la avenida Eduardo Dato y que ahí puede ser que haya algo. Fui para allá y tuve la suerte de de encontrarme con un comandante que fue atentísimo. El único que no me ha cobrado fotocopias fue él; además, me las mandó a mi casa. Después de varios meses allí me encuentro una caja que ponía: ‘Juicio seguido contra Cayetano Bolívar’, que era de Málaga, y doce más por los sucesos de mayo del 31. La verdad que estaba vacío y me fui tristísimo... Al día siguiente volví y en una caja paralela que estaba al lado estaban todos los documentos. Ahí fue cuando yo cerré la investigación de muchos años. Tengo una copia de todo eso porque lo voy a dar a un archivo para que se quede aquí. El último libro que publiqué en 2011,  que fue el de patrimonio destruido, enlaza con los cofrades pero es que ahí están las pérdidas de los 101 pueblos de Málaga. Esta sacado de los informes del clero, pero eso lo cruzo con los informes del Gobierno Civil, con los informes del Ayuntamiento...

Algo muy curioso es que hemos sabido muchas cosas de las cofradías en el siglo XIX gracias a las listas de los enterramientos. En el libro de las capillas desaparecidas se explica que, hasta ese momento,  se afirmaba que las cofradías habían solicitado que se les diese terreno en San Miguel... Y fue al revés. Desde el Ayuntamiento solicitaron a las cofradías que edificaran unos nichos para hacer el enterramiento. Por eso están en el sitio que están. Aquello se llamaba Hacienda de Cabello Capitán, e incluso había perros que sacaban los cadáveres, y por eso decidieron cerrarlo y fueron las cofradías las primeras que lo hicieron. Pero desde el Ayuntamiento, que cobraban los enterramientos, no se fiaban de ellos... Y eso se solucionó con las listas de hermanos: el Ayuntamiento exige que cada cierto tiempo se entregara una lista con altas y bajas, y por eso sabemos las composiciones de las cofradías.



-Cuando se investiga hay ocasiones en las que parece que un personaje pertenecía a una hermandad gremial por un interés político o social. Los investigadores, ¿cómo cruzábais esos datos?

-Yo lo que hacía era buscar todo lo relativo a ese tema. A veces era por intuición. Por ejemplo, estaba trabajando cuando la hermandad de la Salud contrata el trono y entonces ves perfectamente la línea de las cofradías cuando en un acta viene anotado que se discute entre varias posibilidades: el de San Bernardo y el Despojado de Sevilla, o en Málaga, el de la Agonía o el de Mena. Luego se fueron donde se tenían que ir, evidentemente... Pero como trabajaba sobre el trono, todo lo agrupaba en una carpeta. Antes se hacía por fichas. Hoy, si tengo dudas de cómo es el trono de San Bernardo, entro en Google, pero antes había que ir al archivo, pedir una enciclopedia en concreto, etc. Con Jesús Castellanos, Siro Villas, Teresa Sauret y alguno más de la facultad, nos íbamos a las siete de la mañana todos los días a la puerta del Ayuntamiento porque a las ocho abría el señor Bejarano y había seis sillas. Los seis primeros entrábamos... Y los demás,  a su casa. No había fotocopiadora, todo era a mano y después, al pasarlo, era a máquina de escribir. Yo tenía una eléctrica y como te equivocaras una vez, rompías el folio porque no había ni corrector... Son cosas que hoy se cuentan y no te lo crees... En una ocasión me acerqué a un chico que estaba protestando en el Archivo Municipal... Le dije: “Ésta ha sido nuestra vida hasta ahora, y veo estas facilidades y que incluso usted se enfada porque le dicen que las fotocopias estarán mañana y no lo entiendo".


-¿Qué investigación no se puede abordar porque se han quemado todas las fuentes?

-Siempre se ha hablado del Cristo de Mena... Yo defiendo que no existe, e incluso publiqué un artículo en el año 2008: una carta manuscrita de Díaz de Escovar en la que afirmaba que habían aparecido los carbones del Cristo. Esa carta se la escribe a un amigo suyo relacionado con las Bellas Artes en Madrid. Yo encontré esa carta y la publiqué en el Diario Sur. Quisiera equivocarme. Tú puedes tener el deseo de que aparezca, como es el mío, pero es muy complicado.

En los años 30, como la gente no tenía fotografías, se daba la costumbre decir que la imagen era la misma... Yo recuerdo que cuando investigué lo de Zamarrilla, en todas las crónicas decían “es la misma Virgen, que ha aparecido…” y yo pensaba: “¿Cómo va ser la misma?” hasta que ya encuentras el documento de que la había comprado en 1924, que la habían tenido antes en Álora…pero en aquel tiempo se difundía “la Virgen salvada de las hordas…” Se jugaba mucho con la ignorancia.


-¿Aparte de lo del Cristo de Mena hay algún investigación que esté en vilo?

-La aspiración es que apareciera más documentación sobre lo de Mena. Lo demás es todo trabajo que nos encontramos con un vacío muy grande. Cuando tú vas a investigar sobre una cofradía en particular, a no ser que la cofradía tenga un buen archivo, que no suele ocurrir, no encuentras documentos. Una de mis sorpresas fue que en Zamarrilla estaba, desde el año 1938 en el mes de marzo hasta 1994, todas y cada una de las actas, y me quedé alucinando... La clave es que tenían un lugar específico de sede, que era la Ermita. Se dice siempre que las actas estaban siempre en la casa de los secretarios... Claro, porque no se fiaban de dejarlo en la Iglesia... Y luego esos "papeles viejos" desaparecen.


-Una de las partes que están un poco perdidas es la Historia de las Glorias…

-En aquellos años ni se planteaba ese tema. En todo caso se tocaba un poco más el tema del Corpus, que hubo un trabajo de Quintana... Algo de la Victoria, evidentemente, pero pare usted de contar. Por eso cuando salió el libro "Speculum Sine Macula" me dio una alegría inmensa. Me acuerdo que un congreso que hubo en Córdoba llevé anotaciones del libro y llamó mucho la atención las fechas y las connotaciones que tenía. El nombre mismo; Victoria sobre los musulmanes y Victoria en la guerra. Es una mediatización política de la imagen que la cogieron en la época de los musulmanes y la cogieron también en el tiempo del franquismo...

Pero vamos, que los temas de Glorias es que ni se tocaban... También porque no tenían una vida corporativa importante.


En esta información han participado Juan A. Navarro Arias, Alejandro Cerezo, Antonio Márquez, Rafael Contreras, Marta Jiménez, David Azuaga y José Alberto Cabello.

 

FUENTE: El Cabildo

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