ZAMORA: José Luis Alonso Ponga defienda la semana santa zamorana

lunes 28 de enero, 2013

Las reflexiones antropológicas de José Luis Alonso Ponga ayudan a los zamoranos a entender muchos de los interrogantes que surgen en torno a la vivencia de la Semana Santa, un «hecho social total» que explica la manera de ser y la identidad de esta tierra. Valiente, claro y rotundo en sus afirmaciones, el leonés defiende que la Pasión pertenece «a todos», llama a las cofradías a ser «incluyentes» y «no excluyentes» para, entre todas, conocer y «enorgullecerse más» de esta celebración y así «venderla» fuera. Sus profundas reflexiones suponen una clase magistral que explica la defensa, generación tras generación, de las raíces más íntimas y la memoria de los antepasados, de nuestros abuelos. El próximo Domingo de Ramos, los zamoranos lo comprobarán en el pregón oficial.

-¿Qué le ha motivado desde su juventud a explorar la cultura tradicional con tal profundidad?

-Sé que puede sonar mal, pero es el amor a la tierra. En Castilla y en León falta conocimiento de lo nuestro, carecemos de autoestima y no podemos luchar por lo nuestro. Algunos lo llaman nacionalismo o «posturas de campanario»? Que lo describan como quieran.

-Usted califica en la descripción del Centro de Religiosidad Popular la Semana Santa como un «hecho social total». Explíquenoslo.

-Desde el punto de vista antropológico, «hecho social total» es aquel que puede explicar la cultura, la economía, la manera de ser de un pueblo porque en él se siente reflejado. Es un hecho social que tiene tantas caras que puede acoger bajo su manto a todos.

-Muchos zamoranos escépticos no entienden cómo una serie de procesiones una semana al año pueden identificar la forma de ser de un pueblo, en este caso, la capital?

-En cualquier grupo, hay un tiempo ritual en un tiempo y un espacio no lineales, donde se puede volver a vivir el pasado. Es entonces cuando los ciudadanos se sienten «plenificados» porque ese tiempo les sirve para todo: unir creencias, juntar o separar identidades, comer, beber, proyectarse hasta el año que viene?

-Habla de la fiesta como «interrupción» de la rutina diaria, ¿también así es la Semana Santa?

-El tiempo festivo no es normal ni lineal y el espacio tampoco es común, sino que está ritualizado en ese momento. Allí puedes hacer todo lo que no te está permitido en ningún otro momento ni contexto. La Semana Santa te permite reflexionar, revivir tu infancia y recordar a la gente con la que has estado. La base de todo esto es la religión. Primero, la religión cósmica: con los cultos solares o el renacer de la naturaleza en la primavera. En la religión judaica, los dos grandes ritos son el pastoril y el agrícola, donde el cordero y la sangre de su sacrificio han valido siempre como protección y catarsis del pueblo. El jesuita Luis Maldonado dice que sobre este gran sustrato emerge la creencia cristiana de la muerte de Jesucristo, el cordero, y la resurrección, la redención de los pecados. Hablamos de unos sustratos que vienen de lo más hondo del hombre y la naturaleza.

-¿Realmente cabemos todos en la Pasión, en una celebración profundamente religiosa?

-La Semana Santa no deja indiferente a nadie, porque incluso los que están en contra de esos ritos tienen un tiempo y un espacio en el que protestar contra la Iglesia y contra el alcalde en contextos especialmente sacralizados y ritualizados, que de otra manera no podrían hacer. La vivencia de la Pasión, por su profundidad antropológica, no está necesariamente unida a practicantes ni es exclusiva de ellos.

-Habla de revivir el pasado y de reencontrarse con los familiares y los amigos, un hecho fundamental de nuestras estaciones o paradas para merendar las tardes del Jueves y Viernes Santo?

-Esto es fundamental, es la radicalidad humana o incardinación con los mayores y los antepasados. Si tu modelo de Semana Santa es aquel en el que tu participaste con tu padre o con tu abuelo, tú siempre vuelves aunque no seas creyente. En esa procesión está presente tu abuelo otra vez. ¿Acaso el ser humano no tiene una connotación rememorativa de él mismo y de lo suyo desde una perspectiva inmaterial? Creas o no en la otra vida, en lo que sí crees es en tu padre y en tus abuelos. Y mientras tú estés, ellos están presentes. La Pasión es uno de los momentos más importantes en este sentido. Lo grandioso es que cabemos todos y no es ninguna contradicción que un ateo participe en el rito porque fundamentalmente se trata de una especie de catarsis.

-Revisando fotos antiguas, la ciudad cambia mientras la Semana Santa permanece intacta, ¿cómo se explica esto?

-Toda cultura necesita hechos referenciales, aquellos que aparentemente no cambian, aunque sí experimentan pequeñas modificaciones. Para quien practica el rito hay una sensación de inmanencia, de que la cosa está siempre ahí.

-¿Para qué nace el Centro Latinoamericano de Estudios de Religiosidad Popular que usted preside?

-Yo pensaba que la Navidad era el momento más importante del año hasta que me convencí que es la Semana Santa. La riqueza de la Pasión de Castilla no está valorada, como lo demuestra que más allá de los Pirineos se hable de Sevilla, pero no de Zamora o Valladolid. El centro nace para que todo lo que se haga sobre Semana Santa pase por aquí. Tiene el carácter de latinoamericano para recuperar Italia y Nueva York, donde los italianos remarcan sus señas de identidad a través de la Pasión. Lo hemos promovido desde la Universidad de Valladolid y da la casualidad de que nuestra coordinadora, Pilar Panero, es de Almeida de Sayago. Trabajamos mediante congresos a los que viene gente de fuera, para ver lo que tenemos y lo que nos falta, e intentamos dar a conocer en el extranjero nuestras tradiciones semanasanteras para atraer turistas.

-Les apoyan los ayuntamientos de Valladolid y Medina de Rioseco, ¿han pedido colaboración al de Zamora?

-Me consta que el Ayuntamiento de Zamora estudia la posibilidad de adherirse al centro. Es cierto que no ha podido participar en las exposiciones que hemos hecho en Roma, Oporto, Nuevo México y Londres, pero confiamos en que lo hagan en la de Malta y en la próxima de Roma, donde se vivirá la apoteosis de la Semana Santa desde el punto de vista cultural y turístico.

-Usted es experto en proyectos museísticos, ¿qué opina del que muchos zamoranos llaman «almacén de pasos» de la Pasión?

-He estado estos días y me pareció que hay una colección magnífica, pero el Museo no dice lo que es la celebración. La Semana Santa de Zamora es la que hacen los zamoranos, porque en ningún sitio del mundo como en esta ciudad los participantes, los cofrades, son el soporte de la celebración. Este es el gran mérito, porque no es extrapolable a ningún otro lugar de la Tierra. Tú puedes montar una exposición de la Semana Santa de Valladolid con los pasos de Gregorio Fernández y la puedes llevar a Roma o a la Quinta Avenida de Nueva York, porque la riqueza está en las tallas. Pero la Pasión es una cosa mucho más importante y profunda, que es la vivencia y la proyección de la persona y del grupo durante varios días. Cuando llegas al Museo de Zamora y ves muchas obras, unas junto a las otras, uno se cansa y al final te parece todo lo mismo. Como profesor de museografía, siempre digo que no hay cosa más aburrida en este mundo que ver museos? incluido el Prado o el Louvre. Si quieres que la gente conozca tu Semana Santa tienes que utilizar mucho más espacio y colocar la imagen en el contexto en que desfila. Para hacerlo atractivo, debería ser un espacio de exposición donde el visitante capte lo que queremos contar y un gran almacén no visitable del que ir sacando los diferentes pasos para generar motivos para volver y que la gente se entere de lo que es el Cinco de Copas cuando salga. Hasta el Prado ha optado por este nuevo concepto.

-Hace casi treinta años, Zamora formaba parte de un selecto club de celebraciones de interés turístico internacional. Hoy hay 18 en todo el país, la mayor parte en Castilla y León, ¿qué opina?

-Estamos en vías del «café para todos». Si hacemos un estudio de las «Semanas Santas» de interés turístico internacional, te das cuenta de que no están sujetas a ningún patrón, aunque cumplan una serie de condiciones. La declaración es una banalización del fenómeno. No todas tienen antigüedad ni responden a un fenómeno de patrimonio inmaterial creado por la sociedad grupal como Zamora o tienen la imaginería, por ejemplo, de Valladolid. Esto acaba devaluando lo que debería ser un premio. Todas son internacionales, pero unas más que otras y hay mucho que matizar.

-Fue en el año 1972 cuando conoció la Semana Santa de Zamora, ¿recuerda aquella experiencia?

-Es el recuerdo más importante. Fui con un amigo de Belver de los Montes, llegamos a la procesión del Silencio y me impresionó porque nunca había visto una procesión en verdadero silencio. Preguntamos a una familia por el desfile y nos invitó a subir a la terraza para ver el Cristo de las Injurias, un comportamiento que solo puedes ver en el mundo rural, no en una ciudad. Por la noche, nos acercamos a San Claudio de Olivares a ver Las Capas y aquello fue sublime, como trasladarse a otro tiempo para revivir no sé qué cosas. He visto desde pequeño La Piedad del Miércoles Santo de Valladolid pero en todas partes recomiendo Las Capas de Zamora.

-Una procesión que recuerda a Aliste y a Bercianos, tradición de la que usted fue pregonero el pasado año, ¿cómo resumiría lo que allí se vive durante la Pasión?

-Para mí, Bercianos es la Semana Santa que debería elevarse a la categoría de patrimonio cultural inmaterial porque es un momento en el que, de pronto, vemos cómo la cultura se superpone a la naturaleza. La celebración explica Bercianos, Aliste y todo el noroeste español porque se ve, no es representación, es vivencia. Una cofradía que sigue mirando por los cofrades que se mueren. Aliste ha progresado económicamente, pero sus gentes mantienen los pies sobre la tradición y las vivencias porque es la clave de su desarrollo, es lo suyo, su herencia como grupo.

-¿Qué mensaje quiere trasladar a los zamoranos durante el pregón del Domingo de Ramos?

-El respeto mío y de la gente de fuera porque Zamora haya hecho su seña de identidad de la Semana Santa, la base que nos permite soñar con que la tradición siga para adelante. Me gustaría que la gente se creyese más lo que tiene, que procurase estar más orgulloso de ello y hacer valer este sentimiento alrededor de la celebración. Por último, que la «vendan» fuera con todos sus matices religiosos y culturales. Nunca hay que hacer discursos excluyentes, sino incluyentes. Mi cofradía es la mejor porque es mía, pero la tuya también y entre todos hacemos la Semana Santa.


Alcuetas (León), 1951

El leonés José Luis Alonso Ponga es licenciado en Filosofía por la Universidad Angelicum de Roma, donde también cursó Arqueología Paleocristiana. También es doctor en Historia, en la especialidad de Arqueología por la Universidad de Valladolid, donde promueve el Centro Latinoamericano de Estudios de la Semana Santa. Antes de sumergirse en la tradición semanasantera de la región, Alonso Ponga profundizó en la «Religiosidad popular navideña en Castilla y León», donde recoge un estudio sistematizado de los ramos, loas o logas y corderas. Asimismo, ha trabajado en la arquitectura popular (suyo es el libro La arquitectura del barro) y en el conocimiento de los aperos. Alonso Ponga es un conocido promotor del patrimonio etnográfico y su vertiente turística, que ha puesto de manifiesto en diversos proyectos museográficos como el Museo del Vino de Peñafiel. ::JOSÉ MARÍA SADIA


FUENTE: La Opinión de Zamora

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